Acaba de terminar Tom y Jerry y empiezo a cambiar de canales. De repente me detengo en TV Chile.
Quedo atrapado por las imágenes de las casas derrumbadas que van apareciendo en la pantalla.
Las filas interminables de damnificados que llegan a los supermercados y a las gasolineras son conmovedoras.
“No tengo leche ni pañales para mi bebé desde hace cinco días”, dice una muchacha, mientras llora frente a las cámaras.

Y pienso en mi hijo. Y se me empieza a partir el alma. Trato de poner otro programa, pero me detengo.
Si ellos están enfrentándose con valentía a los estragos de uno de los terremotos más destructores en la historia, lo menos que puedo hacer es solidarizarme y aguantarme. Pongo el control sobre una mesa.
“Algo es algo, ¿verdad?”, dice un señor que acababa de recibir arroz y pan de la Fuerza Aérea Chilena.
Y se pone a llorar y entonces ya no aguanto más. Durante media hora he tratado de evitarlo, pero me es imposible. Lloro, lloro por lo que les pasa a mis hermanos chilenos.

UN GRAN PUEBLO
Nunca he estado en Chile. Sin embargo, lo conozco por los poemas de Neruda, por la música de Víctor Jara y Violeta Parra, por el Condorito –mi historieta favorita junto a Mafalda-, y porque lo vi luchar heroicamente contra la dictadura de Pincochet.

Lo que son las cosas. Hasta hace unos días se la traíamos jurada a los chilenos. Hablo, claro está, a nivel futbolístico. Aclaro, para evitar tergiversaciones.
Y hablábamos del juego del 16 de junio en Nelspruit, el día de nuestro debut en el Mundial.

“Si le ganamos a Chile… ¡Pasamos a la siguiente ronda!”. Así era más o menos el comentario generalizado en Honduras.
Pero ahora eso ha quedado en segundo plano. Como que da cosa hablar del partido, mientras un pueblo se pone de pie en medio de los escombros.
Ya habrá tiempo de eso. Quedan muchos días para que llegue el momento de vernos en la cancha.
(Y ojo, que ese día nos enfrentaremos a un equipo bravo que tratará de inyectarles ánimos a su pueblo a través del fútbol).
Sí, ya habrá tiempo de hablar del Chupete Suazo, del loco de Bielsa, de Matías Fernández…
Y de lo que debemos hacer los hondureños para tratar de hacerle daño a la poderosa selección de la Roja, segundo lugar en la eliminatoria de América del Sur.

MIS MEJORES DESEOS
Sé que Chile se levantará y volverá a convertirse en el país más próspero de Sudamérica.
De eso no tengo ninguna duda. Ese pueblo tiene demasiado corazón para dejarse abatir. No hay terremotos ni tsunamis que lo puedan doblegar.

Hace doce años, mi país fue devastado por un huracán. Quedamos casi en las ruinas. Sufrimos. Lloramos. Sentimos que todo estaba perdido… Pero nos pusimos de pie. Y aquí estamos.
Por eso siento un poco lo que ustedes están sufriendo. Por eso entiendo su dolor. Por eso me solidarizo con ustedes.

Y que me perdonen los chilenos por mi atrevimiento de robarle un par de versos al maestro Neruda.
“Puedo escribir los versos más tristes esta noche… Escribir, por ejemplo, ‘La noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos’. El viento de la noche gira en el cielo y canta”…
Y yo, que de poeta no tengo ni un pelo, le agrego: “Sí, canta, porque allá en el sur hay un pueblo que se levanta”…

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